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JOSE MARIA JIMENO JURIO

Premio Manuel Lekuona 1998

Nacido el 13 de mayo de 1927 en el seno de una familia de agricultores de Artajona (Navarra), obtuvo el título de Maestro de Primera Enseñanza en 947, desempeñando su labor en las localidades navarras de Noáin y Lerga.

Ingresó en el Seminario de Pamplona donde completó su formación humanística y, ordenado sacerdote, desempeñó su labor pastoral en Sangüesa, Bearin, Alsasua y Asiáin. En Alsasua fue profesor del Instituto de Enseñanza Media y Profesional, donde ejerció igualmente como Director de Estudios.

Ya desde esta época comenzó a trabajar sobre distintos temas de historia, arte y etnografía locales, que darían paso, más adelante, a obras de mayor envergadura.

Secularizado en 1970, se casó en 1972 y tuvo un hijo. Director de la Biblioteca del barrio pamplonés de San Pedro hasta 1985, inició a partir de entonces el proyecto de recogida de toponimia de la Cuenca de Pamplona, cuyos resultados se han ido publicando en la serie Onomasticon Vasconiae  de Euskaltzaindia, de donde formó parte de la Comisión de onomástica.

Desde 1991  ha dirigido la recogida de la toponimia navarra (Gobierno de Navarra-Trabajos Catastrales S.A.), llevando publicados actualmente 45 volúmenes. En estos últimos años se ha preocupado por el estudio de la historia del euskera, siendo fruto de ello varios libros y una veintena de artículos.

En Eusko Ikaskuntza fue Vicepresidente por Navarra en los periodos de mayo de 1979 a diciembre de 1980 y desde octubre de 1983 hasta abril de 1987. En 1991 fue nombrado Académico de Honor de la Real Academia de la LenguaVasca.

Toda esta labor fue reconocida por iniciativas populares como el Premio Olentzero y Miembro Honorario del Cuto Divino de Tafalla, Premio Luciano Lapuente de Amescoa, Presidente Honorario de Euskal Dantzarien Biltzarra, Socio Honorario de la Peña Los del Bronce y un Homenaje que se le ofreció en noviembre de 1995 por varias entidades culturales congregando en un emotivo acto a unas cuatrocientas personas. Por último La Fundación Sabino Arana le dió su premio en el año 1997.

PERSONAJES ILUSTRES A LO LARGO DE LA HISTORIA

Estudios realizados por JOSE MARIA JIMENO JURIO

No hay lugar en Navarra que en su secular historial no haya dado un obispo a la Iglesia, un fraile esclarecido a una Orden o una superiora a un convento.

La fecunda historia de los hidalgos artajoneses llenaría un libro. Mencionaremos a don Juan de Araiz Eza y Gaztelu, de los vizcondes de Eza, alcalde de la villa muchos años y su representante en las cortes de 1642 a 1645. Al licenciado don Francisco de Echagüe y Lasterra, abogado y relator de los Tribunales reales de Navarra en el siglo XVII. A Juan de Echaide, hijodalgo y capitán, quien desde México de la Nueva España envió varios regalos a su parroquia.

El apellido Lasterra está estrechísimamente Vinculado al pueblo desde que uno de sus miembros regaló a Navarra el tesoro de la Virgen de Jerusalén. Cuenta entre sus miembros un alcaide del Cerco en tiempo de Carlos III el Noble, un canónigo en Toulouse por la misma época, remisionados de armas y caballo, comisarios del Santo Oficio de la Inquisición, caballeros de la Orden de San Juan de Malta y otros con cédula de llamamiento y asiento en cortes generales por el brazo militar de caballeros.

– Lope de Artajona, obispo de Pamplona (1142-1159): Entre las cualidades de este obispo, elegido entre los canónigos pamploneses, destaca Goñi Gaztambide “su experiencia en los negocios, su habilidad y energía, su religiosidad límpida y suespíritu de sacrificio”. Hubo de soportar la persecución de Sancho el Sabio, la rebelión de algunos de sus canónigos y el expolio intentado por sus vecinos colegas.

Favorecedor de órdenes monásticas, en su tiempo se fundaron los monasterios de la Oliva y Tulebras. Consagró la iglesia de San Martín de Unx (1156). Una hermana suya, Andre Semera, vivía en Artajona por los años 1158.

– Pedro de Artajona o de París, obispo de Pamplona (1167-1193): “Uno de los obispos más notables que han regido la diócesis de San Fermín”, según su biógrafo Goñi Gaztambide, quién lo describe como “culto y hábil, flexible y enérgico; su largo episcopado de veintiséis años representa uno de los momentos cumbres de la historia de la diócesis”. Asistió al III Concilio de Letrán (1179) y reorganizó la curia diocesana, estableciendo por vez primera el cargo de vicario general. Entre los logros de su episcopado está la fundación del monasterio de Iranzu, encomendada a su hermano fray Zacarías, monje cisterciense de Curia Dei, cerca de Orleáns. Otro hermano, don Lope, fue canónigo de Pamplona.

– Don Martín de Ororbia: Caballero de la Orden de Santiago, prestó sus servicios al rey Carlos II desde el comienzo de su reinado (1665), llegando a ser su secretario, oficial de la Secretaría de Estado de la Navegación de Italia y del Derecho Universal. Atendiendo a sus méritos personales, Carlos II le otorgó merced de llamamiento a Cortes en Navarra por el brazo militar de caballero hijosdalgo, para sí y sus sucesores de la Casa de Ororbia en Artajona. A su muerte, ocurrida en Madrid en 1711, dejó fundado un Mayorazgo con dotación para huérfanas pobres de la villa.
Pocos años antes (1699) había muerto en la capital de España su hermano don José de Ororbia, caballero de Santiago y también secretario de Su Majestad.

– Fray Carlos de Bayona y Ortiz, O.P. (1630-1682): Del segundo de los cuatro hijos de Gracián de Bayona, dijo en 1663 fray Clemente Álvarez, futuro obispo de Guadix: “El padre Maestro de estudiantes del Colegio de Alcalá, Fray Carlos, sabe de todo.
No dije bien: Todo sabe”. Iniciador y autor del primer tomo de la Teología Complutense, obtuvo el grado de Maestro en la Universidad de Valladolid, en 1666. El Rey de España Carlos II lo nombró su confesor el año 1680. Su pueblo celebró aquel año una masiva acción de gracias. El sermón de la fiesta corrió a cargo de fray Juan Rodríguez, O.P., regente del convento y Universidad de Santiago de Pamplona, en el que alabó las cualidades del artajonés, “hijo del insigne convento de San Pablo de Valladolid, lector de Artes y Teología y Catedrático de prima de aquella Universidad, colegial, Maestro de estudiantes y regente de los estudios del celebérrimo colegio de Santo Tomás de Alcalá, Catedrático de prima y vísperas de aquella segunda Atenas, prior de su casa, visitador de esta Provincia, Maestro por ella y, finalmente, confesor de Su Majestad, gloria de mi Religión, luz de España, honra de Navarra y timbre glorioso de esta villa de Artajona”. Una inscripción coetánea, con el Víctor imperial, conmemora el acontecimiento en el dintel de la portada de su casa nativa. Murió fray Carlos, el 19 de marzo de 1682.
Su hermano don Ildefonso de Bayona (1634-1685) fue beneficiario de Artajona, prior de la colegiata de Santa María del Sar y canónigo de la catedral de Santiago de Compostela.

– Don José de Ororbia y Rota (1687-1773): Notario público apostólico y erudito investigador, llevó a cabo una interesante tarea de copia de documentos antiguos, conservados merced a sus desvelos. Con datos del archivo parroquial compuso dos monografías: una sobre las iglesias y ermitas del pueblo, la segunda sobre la Virgen de Jerusalén.

– Don Agustín López de Reta, hijo de don Miguel, alcalde y presidente de la corte mayor de Navarra, hombre erudito con alma de poeta, continuó la “Vida de Nuestra Señora” que escribía en verso don Antonio Hurtado de Mendoza. Este detalle despistó al P. Pérez Goyena, quien lo creyó “presbítero de Artajona”, cuando realmente era padre de una docena de hijos nacidos en la villa de su legítimo matrimonio con doña Catalina Prieto y Normant (1600).

– Padre José Madoz y Moleres, S. J. (1892-1953); En Bogotá inauguró sus publicaciones científicas. Trasladado a Oña y ordenado sacerdote en 1924, escribió numerosos libros y colaboró en revistas y diccionarios con diversos trabajos. De una nota biográfica publicada a raíz de su muerte en la “Revista Española de Teología”, entresacamos estas frases: “Sobre todo en Patrística y en Patrología españolas se impuso como primera figura. Es el más erudito y sagaz conocedor de la España Antigua”. (B. Capelle). “Eruditissimus ille inter patristicos Iberiae” (E. Dekkers). “Los viejos autores patrísiticos o medievales para él no tienen ya secretos” (J. De Chellinchk).

– Sor María Pilar de San José Zabalegui, dominica (1862-1930): Maestra nacional, ingresó en las Dominicas de la calle Jarauta de Pamplona. Ocupó los cargos de maestra de novicias, directora del internado y priora. Colaboró en la fundación de la Casa-Noviciado de las Dominicas Misioneras en el barrio de San Juan, siendo su primera priora. Elegida vicaria general, viajó por elPerú. Murió en olor de santidad en Pamplona, el 3 de octubre de 1930.

– Félix Zabalegui Catalán (a. Tartaria) (1845-1903): Terminamos esta breve y apretada galería de personajes con una celebridad local. Tartaria es nombre y dos apellidos de un ingenioso poeta popular del siglo pasado, cantor de la vida artajonesa en cuartetas y quintillas. De su abundante colección, no toda publicable, entresacamos las siguientes.
Fiesta de San Babil en enero. Todavía se reúnen hoy los cofrades para echar el amarretako después de la Misa mayor. Antiguamente la celebraban con un plato típico: el capón. A la salida de Misa, el capellán de la ermita le pide una quintilla, poniéndole como pie (5.º verso): “Pa san Babil los capones”.

Tartaria, sin perder tiempo, le espetó:

“Si me asomo a los balcones
de la casa el capellán,
diré con buenas razones:
Yo creo que no serán
pa san Babil los capones”.

Verano. Los braceros artajoneses marchaban a la Montaña para ganar unos jornales. Tartaria se quedó sin manguitos. Pidió a una anciana dos medias viejas para colocarse en los antebrazos. Ante la negativa, desenfundó la hoz, y con ella en la mano y una sonrisa pícara en su rostro flaco y negro, dijo:

“El remedio está en la mano;
¡inútiles son las quejas!
Si a Usted la parto por medio
ya tengo dos medias viejas”.