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La basílica barroca de Nuestra Señora de Jerusalén, fue construida entre 1709 y 1714, y se encuentra a la salida de Artajona dirección Pamplona.

Accediendo al interior de esta basílica, se podrá admirar una talla románica de la virgen de Jerusalén, patrona de Artajona, labrada en cobre esmaltado. Es curiosa por su pequeño tamaño, por su tipología, por el material con el que está hecha y por la leyenda que le envuelve. Para poder disfrutar de la patrona de Artajona, los frailes que viven en un edificio adjunto, dejan la llave para acceder a su interior.

Según cuenta la tradición piadosa local, Godofredo de Bouillon, líder de la Primera Cruzada y protector del Santo Sepulcro, se la regalo en 1099, a Saturnino de Lasterra, capitán artajonés como premio por su valerosa participación en las cruzadas. Esta leyenda es representada en los encuentros con la Historia de Artajona que se celebran en Artajona en Agosto.

También se cree que pudo haber llegado a Artajona en el siglo XVI y ser obra de talleres ambulantes franceses que recorrían el Pirineo.

La virgen viste una larga túnica y manto decorado de rombos y medias lunas. También tiene cubierto la cabeza con un velo que alcanza hasta los hombros.

El Niño Jesús en cambio, tiene una túnica y sobrepelliz enriquecido con motivos burilados que fingen círculos dentro de rombos, más un manto que le cubre los hombros y vuelve sobre la rodilla izquierda.
Sobre la iglesia se elevan bóvedas de medio cañón con lunetos y fajones que cubren todo el templo, salvo el tramo central del crucero que recibe una media naranja con linterna sobre pechinas. El coro alto se sitúa a los pies de la nave sobre un arco rebajado, prolongándose en dos tribunas laterales. Otras dos tribunas se adaptan a los ángulos de los brazos del crucero, enriquecidas con celosías rococó de la segunda mitad del siglo XVIII. Completan el ornato de la iglesia unas pinturas modernas. Detrás de la cabecera queda un camarín directamente comunicado con el nicho de la Virgen. Al exterior, muros revocados con sillería en la fachada principal, que se sitúa a los pies de la iglesia.

Consiste en un gran paramento cuadrado entre pilastras de orden gigante que montan en altos pedestales cajeados. Se culmina en cornisa con triglifos y frontón recto, centrado por óculo, coronándose éste a su vez en espadaña. El primer nivel de la fachada ofrece tres arcos de medio punto sobre pilares cajeados, con los laterales ciegos aunque perforados por óculos, mientras que el central está abierto para servir de ingreso. En el muro frontal del brazo del crucero, del lado del Evangelio, se encuentra un retablo barroco dedicado a San Antón, del último cuarto del siglo XVII, con una talla del titular de la época del retablo y bella policromía y  por último, detrás de la iglesia, al borde de la carretera, existe una pequeña capilla que alberga la talla barroca de San Antón, obra del siglo XVIII.