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Esta iglesia tuvo una antecesora de estilo románico, levantada entre 1085 y 1103 coincidiendo con el primitivo Cerco por el primer prior de Artajona, Hugo de Conques. Pero el notable desarrollo económico y demográfico de Artajona a lo largo de los años siguientes obligó a sustituirla por otra mayor, construida entre principios del XIII y comienzos del XIV, ya en estilo gótico y dedicada, como su predecesora, a San Saturnino, titular de la casa-madre de Toulouse.

La iglesia conjuga  armónicamente con la fortaleza y es su complemento más logrado. El arquitecto del siglo XIII la concibió primordialmente como templo: un gran prisma rectangular de armónico volumen. Contrafuertes exteriores  enmarcan los ventanales, denunciando los cinco cuerpos de la única nave, amplia y esbelta, cubierta con bóveda de crucería sobre columnas adosadas y fasciculadas , cuyos capitales han desaparecido en su mayor parte.

Habida cuenta de que la iglesia ocupaba el corazón del baluarte amurallado, el constructor la convirtió genialmente en el reducto militar céntrico y director de la fortaleza. Para ello adoptó una solución original: alzando los muros laterales de la nave a mayor altura que el extradós de la bóveda, habilitó sobre ellos un paseo de ronda, defendido por un antepecho guarnecido  de troneras.

La techumbre de la nave (los artajoneses la llaman Beráchico) ha  llegado en su traza primitiva, original: las lajas de piedra descansan directamente  sobre la plementería de la bóveda, adoptando su forma y permitiendo así la comunicación rápida con cualquier   punto del paseo de ronda. Vierten las aguas al exterior por medio de gárgolas o van por un canal exterior de piedra al aljibe existente bajo el pavimento del último cuerpo del templo.

Sendas torrecillas circulares, emplazadas en los extremos orientales de la iglesia, igual que en la de San Pedro, permitían el acceso a la zona superior, antes de la reforma del siglo XIV.

La iglesia fue construida durante el reinado de  Felipe I el Hermoso  de Francia y de su mujer doña Juana I, reyes de Navarra (1284-1305), si bien se observan distintas etapas y reformas, manifiestas entre la cabecera y la nave.

En  el siglo XIV se construyó la torre campanario, adosándola a la cabecera del templo. Diseñada como cárcel, puesto de guardia y campanario, constó de cuatro cuerpos  bien definidos: el inferior, sin otra comunicación que un vano en la techumbre, servía de mazmorra. A principios del siglo XVI lo denominaban “la ciega”. En el año 1520  se usará como sacristía abriéndose  una puerta de acceso al presbiterio.

Al segundo cuerpo se entraba por el ventanal derecho de la cabecera, convertido en puerta. El departamento servía de refugio y estancia al alcaide en determinadas ocasiones. El tercero era la sala de guardia, en comunicación con la zona defensiva de la iglesia.

El cuerpo superior no  tenía otro acceso que un puente levadizo exterior, tendido sobre el vacío entre la torre circular y un voladizo triangular de piedra, al pie de la portezuela de ingreso. Los cuatro frentes se abren a todos los vientos por ocho grandes vanos de arco apuntado, hoy ocupados por las campanas.

Como puede verse, se trata del único ejemplo de iglesia que conserva las características originales que debieron tener otras iglesias del Reino antes de las demoliciones del siglo XVI.

El único elemento que rompe con este carácter de iglesia –fortaleza  es la portada occidental, portada de profundo arco abocinado y apuntado, enmarcado por arquerías ciegas laterales, pensadas para albergar en sus doce nichos las imágenes de los Apóstoles.

Bajo las arquivoltas, de motivos florales y antropomorfos, destacan el tímpano y el dintel. El primero representa al obispo titular, San Saturnino, erguido sobre el simbólico toro del martirio. Un rey  y una reina, a sus pies, imploran su favor. La intervención del santo hace salir al demonio del cuerpo de una joven arrodillada. Se trata de una alegoría plástica: Felipe el Hermoso ( el rey) y doña Juana de Navarra (la reina), y con ellos sus subditos, dan gracias a San Saturnino por la merced de haber expulsado con su predicación al demonio pagano de las tierras del Languedoc y Navarra. En el ángulo izquierdo  cuelga un escudo heráldico con la cruz del condado de Toulouse.

El dintel recoge cuatro escenas del martirio de San Saturnino, ajustándose a la tradición recopilada en la “Leyenda dorada” por el arzobispo genovés Jacobo de Vorágine. El Santo es presentado ante los sacerdotes paganos que le interpelan ante la imagen del ídolo. Arrojado al suelo  y apaleado, es uncido al cuello del toro preparado para el sacrificio, que lo arrastra desde el capitolio  ocasionándole la muerte. Sus fieles recogen su cadáver para darle sepultura. Toda la escultura es netamente  gótica.